“A escasa distancia de las desérticas costas saharianas, a lo largo de las agrestes cumbres de la isla Canaria de la Gomera, se refugia uno de los bosques más singulares y emblemáticos del Estado Español. La persistente envoltura de nieblas que ascendiendo desde el Océano se pega a las cumbres insulares, impregnándolas de humedad y frescura, propicia la milagrosa existencia de estas espléndidas y misteriosas selvas, últimos vestigios supervivientes de las ancestrales selvas subtropicales que hace millones de años poblaron el área mediterránea.”

Antes de la llegada de los europeos en el s. XV la isla ya se encontraba habitada. Sus pobladores procedían del norte de Ãfrica, presentando su cultura claras semejanzas con la de los pueblos bereberes.

Su economía se basaba en la ganadería y en la recolección de los productos que ofrecía la isla, y sólo residualmente se dedicaban a la agricultura. Habitaban en cuevas o en pequeñas cabañas, y utilizaban la madera y la piedra para la fabricación de utensilios así como el barro para la cerámica. Sobre sus creencias se sabe que rendían culto, entre otros, a las montañas. Ello se pone de manifiesto por ejemplo en el Alto de Garajonay, lugar que da nombre al Parque, donde fueron encontrados restos arqueológicos ligados a la celebración de sus rituales. La isla estaba dividida en cuatro cantones o bandos: Agana, Orone, Ipalan y Mulagua, ubicados en los cuatro grandes barrancos de la Gomera.

El Parque Nacional de Garajonay se extiende por una superficie que supera el 10 % de la isla de La Gomera. Fue declarado como tal en 1981. Posteriormente, en 1986, la Unesco lo incluyó entre los bienes que forman parte del Patrimonio de la Humanidad.

Su superficie es de 3.986 hectáreas, y su territorio se extiende por todos los municipios de La Gomera, ocupando el centro y ciertas zonas del norte de la isla. El terreno del parque, a menu­do envuelto en una húmeda niebla, está constituido por materiales basálticos, debidos a coladas y piroclastos, con diversos roques y fortalezas. En su interior se encuentra el Monumento de la esencia de la flor.

El parque toma su nombre del alto de Garajonay, la mayor altura de la isla con 1.487 metros. La cota mínima del parque es de 650 m, el caserío del Cedro. Su declaración obedece a que alberga la mejor muestra conocida en el Viejo Mundo de laurisilva, un bosque húmedo de variadas especies de hoja perenne que en el Terciario cubría prácticamente toda Europa. La laurisilva se da en un régimen climático unifor­me en el que la variación anual de la temperatura es pequeña y la precipitación es relativamen­te abundante, con humedad casi constante debida al mar de nubes.

La laurisilva y el fayal-brezal (asocia­ción de faya y brezo) ocupan aproximadamente un 90% del parque, encontrándose en el extre­mo occidental y meridional de Garajonay. Especies exóticas y el pino canario ocupan la parte meridional, constituyendo un 10% del parque.
Paloma rabiche

La fauna de Garajonay también es destacable. Alberga cerca de mil especies de invertebrados, siendo unas 150 endémicas de dicho espacio. Las especies de vertebrados son 38, básicamente reptiles y aves, entre las que destacan las palomas rabiche y turqué, endémicas de Canarias. Garajonay tiene la consideración de zona de especial protección para las aves (ZEPA).

No existen núcleos de población dentro del parque, aunque sí en sus proximidades. Los senderos que permiten conocer el parque son numerosos. En su interior hay un área recreativa, llamada Laguna Grande; y en el lugar conocido como Juego de Bolas, en el municipio de Agulo, está el centro de visitantes.